Antes del fin

Enviado por Esteban Falcionelli en Vie, 24/11/2006 - 8:19pm
DOS episodios menores de la picaresca nativa han completado el retrato de la insignificancia y de la vacuidad presidencial. Ocurrió el primero en San Vicente, con ocasión del traslado de unos restos mortales. Bastó el disparo furtivo de un palurdo y un par de cachiporrazos sindicalistas, para que quién se jacta de no tener miedo tras sucesivos atriles y ante obsecuentes auditorios, se ausentara con pavura del agitado escenario. Era la ocasión para que el temerario bravucón, de tanto discursete maula pusiera a prueba su conjetural veteranía en pugilatos, guerrillas y entreveros, dominándolos con su sola presencia, Nada de eso ocurrió. Nuestro capitán pareció encarnar y merecer la copla anónima que se le espetó al Virrey, allá por 1806.

 

"¿Ves aquel bulto lejano
que se esconde atrás del monte?
Es la carroza del miedo
donde viaja Sobremonte".
 
Envuelto en Fernández y en soponcios, cual bulto lejano, terminó aquella jornada, que no fue ciertamente su alegropeya de centauros bruñidos.

 

El segundo episodio es su derrota electoral en pagos misioneros, a manos de una entente siniestra cuya cabeza visible hubiese recibido garrucha en tiempos del Santo Oficio, o al menos admonitor coscorrón hoy, si la ortodoxia doctrinal fuera motivo de desvelo para nuestra Jerarquía. Pero se suponía que la apiñada victoria sufragista no enmudecería al lenguaraz de oficio, castigando a sus adversarios con nuevas y renovadas manifestaciones de picotería colérica y palabreo obsceno. En cambio, sobrevino la mordaza y el mutismo súbito, el insonoro y áfono lenguaje que acompaña a los aterrados y cobardes. Secundado en el boca chiusa por el coro de sus proxenetas, perdió las elecciones, a que para alguien de su talla es peor acaso que perder el alma.

 

¿Será el, principio del fin para el campanillero de Wall Street?. ¿Prefiguran estos fracasos la evidencia de que gobiernan los malandras, rigen los inmorales, conducen los apátridas, mandan los homicidas, administran los depravados, juzgan los sodomitas, legislan los brutos y ejecutan los ladrones?. ¿Anuncian tamaños descalabros el grito unánime de que el rey está desnudo, si se nos permite la monárquica metáfora?. ¿Se proclamará al fin que se, trata de un reyezuelo bastardo, de corona fundida por los plutócratas a los que sirve, capa estercolada con sus propias heces, y báculo sangriento por los terroristas que representa?.

 

No lo sabemos, ni hay motivos meramente humanos para abrigar esperanzas al respecto. Es la nuestra una sociedad gravemente enferma, aún en aquellos sectores que creen gozar de salud, ubicados a la derecha, y mientras se enseñoree políticamente sobre ella el maldito liberalismo con sus dogmas mendaces y sus intercambiables personeros democráticos, ninguna solución será posible. Mas como tomando nota de una caída prevista, posible y temida, dos esbirros del sistema, que para abreviar llamaremos Edgardo Depetri y Rafael, Bielsa, han denunciado una "campaña de desestabilización contra el Gobierno de Néstor Kirchner", proponiendo discriminaciones; censuras y represiones; -esto es la summa de los males supuestamente desterrados- para quienes serían los responsables de tan fiera iniciativa. Una vez más, la culpa no es intrínseca a quienes, causan el mal disponiendo para ello de la totalidad del poder, sino extrínseca, y obedecería a una suerte de conjura, que en la versión postmoderna obraría ya no desde marciales cuarteles sino desde "diversos dominios de internet" (cfr, Trárnite Parlamentario NQ 120, Expediente 4913-D-2006, 30/08/2006).

 

Sorprende una entre las muchas naderías de este escrito. Y es la que afirma que, en lo sucesivo, deberá tenerse por amenazante desestabilizador a quien sostenga que los actuales gobernantes "son los terroristas de ayer en el gobierno de hoy". Sorprende, decimos, porque la prohibida afirmación no deja día de ser corroborada explícita e impunemente, ya no por los antecedentes patibularios y criminales de los funcionarios, sino por el mismo Presidente, que se encarga de decir que con él y en él volvieron los montoneros, de la Plaza de Mayo a la Casa Rosada. Salvo que la dupla denunciante quiera hacemos creer ahora que tras aquel apelativo funcionó en los años setenta alguna sociedad filantrópica o hermandad de la caridad.

 

Pero hacemos votos para que no se nos incluya en la nómina de desestabilizadores. Porque nosotros no sostenemos que gobiernan los terroristas de ayer, sino los malditos criminales de guerra de ayer y de hoy. De la guerra revolucionaria marxista a la que sirvieron y sirven aviesamente contra Dios y contra la Patria.

 

No seguirás a la mayoría en el mal, dice la Sagrada Escritura (Éxodo, 23, 2). Y procuramos hacerle caso. Por eso nos tienen sin cuidado las candidaturas; las encuestas, las bocas de urna o las reelecciones. En nuestro afán está lo que no tiene cabida en sus estrechas miras.

 

Algo demasiado grande para que pueda ser contemplado por los estrábicos, los miopes, los pérfidos y los alucinados.
 
 
 
Se llama, sonoramente, La Argentina.

 

Revista Cabildo, Noviembre de 2006