Carta al Obispo de San Rafael, Mendoza

Enviado por Esteban Falcionelli en Sáb, 02/06/2007 - 10:19pm
Excelencia Reverendísima:
Su predicación en el Tedeum del 25 de Mayo me trajo lejanos recuerdos del antiguo Palermo. De la estimada familia Taussig -entre los distinguidos vecinos de la capilla de Santa Elena, luego Parroquia- y de tantas cosas buenas, como el viejo Buenos Aires “en estado de Gracia”, durante el inolvidable Congreso Eucarístico Internacional de 1934. 
Tedeum en Mendoza
En este obvio atardecer de la vida resulta difícil contener los sentimientos bullentes al presenciar la ruina de la República, antaño ordenada y prestigiosa, a manos de sus enemigos encaramados en el poder por otra increíble trampa democrática. Para mayor desgracia, todo ello acompañando a la autodemolición de la Iglesia local, que en el orden cívico aportó entonces el placebo de una soporosa Mesa del Diálogo. Aquella que toleró la supresión de la enseñanza religiosa en Catamarca por obra de la DAIA. Por eso le pido desde ya, que la dignación para conmigo, al menos se acerque a su condescendencia hacia tantos que lo escucharon en la oportunidad.
Vuelvo a pedirle perdón por la franqueza, escudándome en el cúmulo de los años. Para decirle primero, que es inexplicable su esfuerzo por “interpretar cabalmente” el sentir de los presentes, conociéndose cabalmente los brutales abusos de los presentes en el usufructo del poder. Tampoco se entiende su recuerdo encomiástico de la “soberanía del pueblo”, sin ninguna aclaración que distancie lo expresado de la tradicional condena doctrinaria. Para más, la concreta y repetida mención de la democracia, casi aproxima a un valor religioso la impostura que nos oprime. Como si además viviéramos en el mejor de los mundos gracias al sistema liberal; precisamente cuando estamos agobiados por un régimen tiránico.
Por ello parece más que exagerado y problemático, aplicar a la presente circunstancia la afirmación de que el Te Deum asocia a autoridades y pueblo “como una sinfonía que suma todas las notas de la escala. Como un coro que integra los diversos registros para lograr la más bella expresión”.
Su veloz repaso de la historia desde el año 1810, sólo parece deplorar las presidencias constitucionales inconclusas. Pero pasa por alto -entre aquellas presidencias cumplidas cabalmente- las que marcaron la impronta liberal y laicista; remotas raíces del desastre actual. De tal manera podría interpretarse que para V.E., en estos momentos signados por la persecución religiosa -ejemplificada por el ensañamiento contra el Padre von Wernich- poco o nada significarían las leyes inmorales, la tergiversación de la historia a favor del terrorismo asesino, la promoción del aborto y la homosexualidad, el auge de la pornografía, la corrupción de los jóvenes, la educación pervertida, los sacrilegios y las blasfemias oficiales (Recoleta), las exhibiciones obscenas (del obelisco porteño), el reparto de preservativos por el Presidente tenido a la vista… Poco o nada significarían, porque vamos con buen rumbo, navegando alegremente hacia las doradas playas de las nuevas elecciones.
Excelencia Reverendísima:
Las espantosas heridas mencionadas anteriormente, no parecen restañarse con el mero recuerdo de las Tablas de la Ley. Ni solamente preguntándonos si aquel orden “no nos está diciendo que la fidelidad a Dios nos ayudará como hermanos, a erradicar plenamente el crimen, la deshonestidad, la falsía y otros males, en la tierra que hemos heredado”. Menos aún cuando parejamente se alude al contrapeso de “los logros” experimentados. Tampoco alcanzaría la exhortación igualmente elíptica, al buen gobierno, ni el recuerdo de los “desafíos prioritarios para afrontar en este año electoral”.
Por último, y sin entrar en muchas otras doloridas consideraciones, le aseguro a V.E. que sus palabras han halagado a los explotadores de esta parodia desgraciada. En verdad, la satisfacción de V.E. por las elecciones que se acercan -“en el ejercicio de nuestra democracia”- acentúa la obsequiosidad hacia el perseguidor. El periódico oficial “Página 12”, lo ha registrado con beneplácito, ante todo -se nota- por tratarse de un dignatario enrolado “entre los sectores más conservadores del Episcopado argentino” (sic).
Con tales motivos y la consiguiente amargura, le manifiesto sinceramente mis respetuosas expresiones de sentida consideración. 
Ex abogado del Arzobispado de Bs. As.
Ex profesor de la Universidad Católica Argentina
Caprera 515 Bella Vista, Prov. de Buenos Aires