Carta del Artillero al Presidente de la Real Academia Española

Enviado por Esteban Falcionelli en Jue, 29/03/2007 - 11:41pm
Excelentísimo Señor Presidente de la Real Academia Española
D. Víctor García de la Concha

S/D.

Excelentísimo Señor Presidente:

 

Tengo el alto honor de dirigirme a Vd. y a toda esa dignísima Corporación que pronto llegará a la venerable antigüedad de tres siglos -movido únicamente por el interés de enriquecer nuestra hermosa lengua-, preocupación que arrastro desde mi lejana niñez.

 

Destaco con orgullo, que en esos tiempos me devoré -si se me permite la licencia- la colección de clásicos compendiados que recibí para un 3 de diciembre, día de mi cumpleaños y fiesta de San Francisco Javier, el glorioso Apóstol de las Indias.

 

Agrego, para mayor abundamiento, que la lectura de esos compendios me llevó a conocer las obras en su integridad y así pude disfrutar de los incomparables tesoros que encierra el español. Permítame también, Excelentísimo Señor Presidente, que con ese maravilloso arsenal, obtuve las máximas calificaciones de Lengua y Literatura en el Bachillerato, bajo la guía de los Reverendos Hermanos Basilio y Fabriciano, mis llorados profesores del Colegio Champagnat. (Y pido perdón por el toque de vanidad).

 

Con estos modestos antecedentes, manifiesto mi pesadumbre e inquietud por el escaso número de voces que en nuestro Diccionario registra la letra K: apenas alcanzan a 47, según la edición de 1992. Al respecto, me parece injusto, por decirlo así, que la mencionada letra -tan apta para encabezar adjetivos y ciertos sustantivos- tenga mezquino espacio, convencido como estoy además de que debe otorgarse una mayor libertad ortográfica para los términos que empiecen con la letra C y que pueden sin desmedro, serlo por la K. No escapará también al elevado criterio del Excelentísimo Señor Presidente, que pronunciar una palabra con K, se presta a un registro de mayor énfasis, siempre necesario para mantener la atención de los oyentes. Le aseguro que muchos conferenciantes guardarán eterna gratitud a la Real Academia, en el caso de que m iniciativa prospere, sobre todo los Dres. Jorge Castro, Natalio Botana, Rosendo Fraga (padre) y Rafael Bielsa.

 

Elevo entonces a su consideración una serie de palabras que hoy figuran en la sección correspondiente a la letra C y que podrían tener cabida en la letra K. Me he tomado el atrevimiento de escribirlas con esta última, para mejor ilustración, amén de agregar entre paréntesis algún significado para las que han caído en cierto desuso. (Quede bien en claro que la enumeración no es taxativa).

 

Pues bien, Excelentísimo Señor Presidente, aquí va la lista que propongo:

 

Kabecilla
Káncer
Kangalla (miedoso)
Komediante
Koprófago
Karadura
Kafre
Kretino
Kabrón
Kaníbal
Kateto (ignorante)
Kobarde
Kaka
Karcinoma
Konchudo (sinverguenza)
Kako (ladrón)
Kareta
Kócora (sórdido)
Kachafaz
Korrupto
Kuadrúpedo
Kagón
Kornudo
Kodicioso
Kaín
Karancho
Kohecho
Kalamidad
Kleptómano
Koimero
Kamaleón
Kollón (cobarde)
Kachivache
Kamandulero
Kochino
Kanalla

 

Sé que la tarea demandará largo tiempo, pero los beneficios para el idioma común bien lo merecen. Más aún, me animo a pronosticar que en mi país, la Argentina (Y no Argentina, como suelen decir ahora los semi-alfabetos), los cambios serán recibidos con júbilo y alborozo.

 

Dios guarde al Excelentísimo Señor Presidente.