Skip to content

Ago 20 , 2012

6
  • Síganos en Google+
  • Síganos en Facebook
  • Síganos en Twitter
  • Síganos por RSS

Lo Bueno y lo Malo

by Esteban Falcionelli
Versión para impresiónEnviar por e-milio

"La supresión de las categorías morales comienza cuando ley y moral se convierten en departamentos autónomos"

La supresión de las categorías morales nunca es inocua, aunque nuestra época proclame ufana lo contrario. Decía Aristóteles que lo que distinguía al hombre de cualquiera de los animales es la capacidad para discernir el bien y mal; y podríamos completar la definición aristotélica diciendo que, cuando el hombre renuncia a esa capacidad que lo distingue, se convierte en el peor de los animales.

La supresión de las categorías morales comienza cuando ley y moral se convierten en departamentos autónomos. Cuando las cosas que son objetivamente inmorales -esto es, malas en su misma naturaleza- se pueden realizar al amparo de la ley, tarde o temprano la inmoralidad se convierte en ley, primero de forma tácita y condescendiente, luego como uso social admitido, más tarde como conducta que reclama el amparo legal para, por último, reclamar también que la moralidad sea arrinconada, primero de forma tácita o condescendiente, luego como un uso social obsoleto o grotesco, más tarde como conducta indeseable.Es un camino de ida y vuelta inevitable, porque el hombre inmoral, una vez que ha logrado que su conducta sea admitida, anhelará que tal conducta no sea percibida socialmente como algo inmoral; lo que, a la larga, exige proscribir la conducta del hombre moral, que se ha tornado odiosa.

Un ejemplo clamoroso de este proceso degenerativo nos lo ofrece el adulterio.

Tradicionalmente, la infidelidad matrimonial fue reconocida como lo que es, un acto moralmente reprobable que la ley condenaba: en las legislaciones más duras, mediante la punición del adúltero; en otras más blandas como conducta que, por infligir un grave daño al cónyuge defraudado, obligaba al adúltero a algún tipo de resarcimiento.

En ambos casos, la calificación legal del adulterio era acorde a su naturaleza inmoral; pero llegó un tiempo en que se consideró que un acto moralmente reprobable -esto es, malo en su misma naturaleza- no tenía por qué ser calificado legalmente.

Aliviado de la condena legal, el adúltero se aprestó a vivir en un mundo en el que su conducta seguía sin embargo siendo reprobada socialmente... aunque por poco tiempo, pues nada como el silencio legal contribuye tanto a la difuminación de las categorías morales.

Esta difuminación propició que cada vez más adúlteros vergonzantes se convirtieran en adúlteros sin complejos, incluso orgullosos de serlo; y que su conducta moralmente reprobable pasase a ser socialmente admitida.

Llegados a este punto, el adúltero exigió que su inmoralidad dejase de ser considerada como tal: en esta dinámica degenerativa puede encuadrarse, por ejemplo, la floración en Internet de agencias especializadas en facilitar el contacto entre adúlteros que se publicitan como si tal cosa, con anuncios de tono festivo o risueño, y cosechan pingües beneficios. A fin de cuentas, si hemos renunciado a discernir la naturaleza moral del adulterio, ¿por qué habríamos de reducir a la clandestinidad su práctica?

Pero, como las acciones inmorales, por su misma naturaleza, causan un daño cierto (a quienes las realizan y a quienes las sufren), el hombre inmoral necesita justificaciones. Y siempre hay alguien dispuesto a fabricárselas: el otro día, en un programa televisivo infecto, escuchábamos a una sedicente ´terapeuta familiar´ (otra de las notas distintivas de este proceso de deslizamiento que vengo describiendo es la perversión premeditada y sistemática del lenguaje) decir que el adulterio "puede salvar a una pareja y, además, mejora la autoestima".

Aquí ya hemos alcanzado ese punto de abyección en el que las categorías morales se invierten, la torsión definitiva en ese camino de ida y vuelta que antes describíamos: lo malo pasa a llamarse bueno; y lo bueno, automáticamente, pasa a llamarse malo, primero de forma piadosamente desdeñosa (y así, el hombre fiel es visto como un pringado, oprimido por compromisos caducos e ideas retardatarias), luego de forma rampante y satisfecha (el hombre fiel se tropieza con todo tipo de escollos para preservar su fidelidad y tentaciones ubicuas para incurrir en el adulterio, lo que ya está sucediendo en nuestros días), más tarde con todas las bendiciones legales necesarias.

Tales bendiciones ya imperan tímidamente en nuestra época, que -siquiera por omisión- premia al adúltero que ha destruido un matrimonio, sin imponerle ningún tipo de castigo; pero llegará pronto el día en que lo beneficie sin ambages, por considerar que ha contribuido a la disolución de instituciones tan perniciosas.Y es que la supresión de las categorías morales siempre es inicua, aunque nuestra época proclame ufana lo contrario.

Juan Manuel de Prada

Nota de Argentinidad: Debo recordarle al autor Juan Manuel de Prada que no es noticia "noticiosa" o novedosa lo que acá se publica; si durante el "reinado" de José Luis Rodrigrez Sapatero (con perdón), publicamos y artículo del señor Eulogio López, un tanto duro, pero cierto.

Pasen y lean:

"...Y el fin de curso va a resultar electrizante, a lo Mr. Bean, ese personaje que guarda tanto parecido físico y biopsicológico con el presidente del Gobierno español.

Sus Señorías se van de vacaciones con la satisfacción del deber cumplido: divorcio Express, matrimonio monflorito y una amnistía fiscal encubierta que favorece a las grandes fortunas a través del mecanismo de las SICAV. Para el próximo año, queda la ya comenzada manipulación de embriones, con todo tipo de barbaridades a la carta.

Divorcio ultrarrápido con supresión de la causalidad (es decir, rompo el compromiso porque me da la gana, sin la necesidad de alegar, verbigracia, incompatibilidad de caracteres, que es algo muy socorrido).

Quiero recordarles a todos ustedes, amigos lectores, que aumentar el número de separaciones y divorcios constituye una de las prioridades sociales de un país en el que se rompe una pareja cada cuatro minutos.

Luego está lo del matrimonio gay, donde hasta los medios controlados por el Partido Popular se han lanzado a la que podríamos calificar de locura homo. Sus Señorías se disponen a elevar a la categoría de matrimonio una sexualidad que consiste en tomar por el culo, en introducir el pene por el ano, algo tremendamente dificultoso, dado que la naturaleza se niega a que los órganos, por ejemplo, el recto, sirvan para algo distinto a lo que ella ha prescrito.

Un lector me indica que mi descripción de la homosexualidad como una tremenda cochinada, definición en la que me ratifico, resulta incompleta.

Porque la guarrada más gorda no estriba en introducir el falo donde no se debe, con los correspondientes riesgos sanitarios, sino en cómo sale el susodicho falo después de la inmersión, y que recuerda el viejo chiste del esposo que le pregunta a su mujer cómo se pone los calzoncillos, y que recibe la respuesta más rigurosa: Lo amarillo por delante y lo marrón por detrás.

La homosexualidad es una aberración natural, que atenta contra la ley moral, la ley natural y, salvo en España y otro par de países majaderos, contra el ordenamiento positivo. Sí, la homosexualidad es todo eso, pero es, ante todo, una tremenda cochinada, una guarrada maloliente, una vomitiva marranada, un asquito.

Es esa cerdada la que José Luis Rodríguez Zapatero quiere elevar a la categoría de matrimonio con derecho a adopción. Y lo peor es que ante esta pantomima trágica, el mundo oficial cierra filas y lo presenta como el gran avance en materia de derechos humanos. Quizás es lógico; quizás la única manera de convertir a un cardo en una señora consista en defender con unción, mucho fervor, las meninges reblandecidas y un halo de idiocia manifiesta lo que de otro modo nadie estaría dispuesto a tragar.

Pero no lo duden: aunque la mona se vista de seda, la homosexualidad consiste en tomar por el culo...".

Y acá, en la Argentina, faltan pocos días para que entre en vigor (se entiende...), la modificación -completita- del Código P. Civil; que creo es copia fiel del español, pero aún más cochino y perverso, dado que le afilaron la punta al lápiz y sumaron todo lo contra natura que faltaba. Sinó que se los cuente la Yegua Cristina la semana entrante... Acá, por último, el título ideal sería, y para ser honestos: "Lo Malo y lo Malo"...

Chau,

Esteban Falcionelli

 

6 Comentarios Hacer un comentario
  • Imagen de Raibaud
    Raibaud
    Ago 20th 2012

    Sume, estimado Falcionelli, que usarán embriones de muertos; asique por ahí aparecerá una "nueva" Mercedes Sosa -un poco más comunista que la chancha finada- por ejemplo hija de un esperma de Abal Medina...

    Estamos en el horno.

    Saludos, Raibaud.

  • M. Gaddafi aus ... (no verificado)
    Ago 21st 2012

    Federico Mihura Seeber editó últimamente un librito con varios artículos que se llama "De esto, de aquello y de lo de más allá".

    Como todo lo de Federico, es muy interesante y lo recomiendo a los amigos del foro (a lo cuales nos dedica una buena paliza). Lo vende Vórtice.

    Bien.

    En ese librito Federico trae una idea que me pareció interesante.

    Cuenta que entre los viejos católicos tradicionales y nacionalistas que él conoció, no era extrañísimo que alguno tuviese alguna mina yendo por la colectora de su matrimonio prolífero y formal.

    Las mujeres preguntaban poco y el hombre cumplía, así y todo, con su obligación pater familiar a la cabecera de su mesa todos los días.

    Comenta esto diciendo que la diferencia con hoy, es que esos viejos, con ser unos hipócritas calentones y soretes, no ponían en juego el bien común familiar y por eso no se les ocurría "vivir otra vida", "ser libres de las instituciones burguesas" ni "realizarse como persona".

    Siempre volvían a la casa, pudiendo materialmente vivir en otra.

    Por eso el fenómeno del "separado" es típicamente liberal (yo fui al colegio más liberal de Buenos Aires -me animo a decir- y tenía un promedio de 60% de compañeros con padres separados), porque es una práctica de egoísmo que califica el egoísmo sexual.

    Así, la infidelidad ya no es solo sexual, sino existencial y por tanto afecta a otro bien mayor, que es el Bien Común Familiar.

    El tema tiene su polémica, y da para una buena topada con vino mendocino mediante.

    Lo que a mí me parece es que el movimiento contra natura de esta cultura deconstructiva que soportamos, tiene en su inspiración satánica el objetivo de socavar las instituciones históricas y naturales que analogan el Bien Común, es decir, que semejan proporcialmente a Dios.

    La infidelidad a Dios es la que, infidelidades mediatas permitidas, se busca promover.

    Dice Federico al final del artículo, que a nosotros (él ya debe estar rondando los setenta), no nos es permitido el pecado personal de la infidelidad sexual, porque en tiempos tan anticristianos se nos exige la defensa de Dios en cada uno de sus analogados sociales y políticos, que ya no vigen más, diferencia de aquellos tiempos más humanos y cristianos de nuestra patria.

    A mí me parece que tiene razón; aunque en lo personal me salga gratis, porque fuera de mi mujer no me da bola ni el loro.

    Saludo Romano.

  • El Carlista. (no verificado)
    Ago 22nd 2012

    Correré por el libro entonces, que hay dos autores de los que aun tenemos entre nosotros que me gustan especialmente: Rubén Calderón y Federico Mihura.

    Hay una coincidencia de estilos, desconstracturada, amena y directa, que los asemeja mucho.

    También esa forma de tratar el pecado nada espantadiza ni beata (como cita Gaddafi arriba), y una agudeza y rigor filosófico que aflora cuando es necesario (ver Las Causas del Orden Político de don Rubén o el artículo de don Federico en el último número de Bueyes Perdidos). Cuando se ponen serios son tipos terribles.

    Por lo demás, gozo de la misma gratuidad de mi preopinante: soy de la convicción que solo mi señora puede soportarme, lo que se agudiza con los años (esto último, según ella).

  • Rita (no verificado)
    Ago 22nd 2012

    No digas eso Gadafi, yo te atiendo.

  • Dardo J Calderon
    Ago 23rd 2012

    Decía Larteguy que todo matrimonio bien avenido y duradero, le debe un homenaje a la amante que lo hizo posible.

    Voy a rebuscar un articulito de mi viejo sobre Ibarguren en el que toca este tema de soslayo. Se los prometo para unos dias.

    En cuanto al Carlista y Gadaffi, que no se hagan los zotes; lo cierto es que uno le tiene miedo a la irlandesa que le pondría una bomba abajo de la cama y el otro le tiene miedo a las hijas.

    Dicen los mejicanos que un hombre que ama de verdad a una mujer... nunca permitiría que ella se entere de la otra.

  • El Carlista. (no verificado)
    Ago 23rd 2012

    Ahora recuerdo otra similitud entre ambos escritores: unos años atrás eran los 100 años de la Pascendi y se dio una charla en el Instituto de Filosofía Práctica sobre el tema.

    Anibal D´Angelo habló sobre la modernidad, el hombre moderno, etc, tema que maneja hace tiempo.

    El P. Alfredo Sáez entró en el tema eclesial y a mi me parecía que la cosa no iba bien.

    Luego Federico Mihura tomó la palabra, retomando la veta clerical-conciliar patió el tablero; dejándome de sentir, recién ahí, sapo de otro pozo. Y la cosa se puso buena.

    Luego lo volví a ver en un asado, hace unos años.

    Sabio y ameno ensartaba latines, hablaba de Rosas, la Patria y de Sto. Tomás.

    Tengo de él -se lo dije a sus hijos- el mejor de los recuerdos.

Añadir nuevo comentario