Mártires del 17 de julio

Enviado por Esteban Falcionelli en Vie, 20/07/2007 - 6:18pm
Francisco Franco Bahamonde en 1923
Y ahora llega la conclusión: por tanto, los republicanos eran los buenos y los franquistas los malos.
 
Ahora bien, ese esquema nos lleva a concluir que Stalin, Hitler, Mao, Pinochet o el mismo Franco, instauraron regímenes democráticos, dado que todos ellos habrían obtenido mayorías, en ocasiones aplastantes en unas elecciones libres.

 Hoy en día, el esquema se repite con los fundamentalismos argelino o turco o con el dictador populista Hugo Chávez: ambos ganan elecciones no manipuladas, elecciones verdaderamente democráticas.

 Pero como hoy es 18 de julio volvamos al alzamiento nacional o golpe de Estado de una serie de generales, entre los que descollaba Franco contra la II República.

 Veamos:

 Buena parte del pueblo español no apoyó a Franco ni por espíritu monárquico, ni por defender privilegios de clase, ni por dinero, ni por ser “de derechas”. La inmensa mayoría del apoyo popular al general golpista, sin el que éste no hubiera obtenido la victoria, se debió a que el muy democrático Régimen republicano se mostró anticlerical hasta la sangre.

 Con ello, no sólo ofendía a cualquier creyente, sino al colectivo de creyentes. Digámoslo de otra forma: a mí me gusta la democracia porque me gusta la gente y porque me gusta la libertad. Poco o nada participo en ese sentimiento elitista -cada vez más pujante- con el que se reacciona ante la vulgaridad imperante en la sociedad actual. No me gustan los monopolios, pero aún menos los oligopolios, sean políticos, económicos y culturales. No me gusta la economía socialista, pero tampoco la capitalista, y tengo aún más aversión por la especulación de los mercados financieros que por la empresa pública, aunque ésta tampoco me guste.

 Pues bien, al lado de todo eso, aseguro que si me hubiera tocado vivir -pongamos en Madrid o en mi Asturias natal- los desmanes de la II República, me hubiera echado al monte junto a los rebeldes: hubiera sido franquista. Por una razón: para mí lo más importante es mi fe, mucho más que cualquier ideología, y ese Régimen me impedía vivir mi fe y atentaba contra todo lo que considero sagrado. Planteado de esta forma expresa, o de forma tácita, esta es la razón por las que las autoritarias tropas franquistas vencieron a las democráticas fuerzas republicanas.

 En octubre, cerca de 500 mártires españoles van a ser beatificados. Son gente que murió por defender su fe en Cristo. Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas perecieron con crueldad inaudita ante los muy democráticos milicianos socialista -antecesores de ZP-, comunista y anarquista, todos ellos favorecidos, cuando no aplaudido, por un centro izquierda cuyo mejor exponente era Manuel Azaña, elegante, exquisito y trufado de masonería.

 El enemigo de los republicanos no era la derecha ni el fascismo: era la Iglesia. Y la vieja pregunta de Aristóteles sigue en pie: ¿Qué es democracia, lo que votan los demócratas o lo que preserva la democracia? Está claro que lo segundo…aunque no lo voten los demócratas. No basta con que Gobierno sea el más votado. La esencia de la democracia no es el voto libre y mayoritario, sino el respeto de los derechos humanos. Por ejemplo, el derecho a la libertad religiosa. Por decirlo de otra forma: los 498 aspirantes a venerables no son mártires del 18 de julio sino del 17.

 ZP nos retrotrae con su simpleza la Guerra Civil. No habrá enfrentamiento armado, porque ahora vivimos muy cómodos como para llegar a las manos. Ahora bien, la cristofobia es exactamente lo mismo.

 Eso sí: en 2007 Cristo cuenta con menos defensores, porque la comodidad ha llegado a ambos bandos.